31 de enero de 2012
The brave
30 de enero de 2012
Los enamoramientos
28 de enero de 2012
Tell me cuándo, cuándo, cuándo.
25 de enero de 2012
Te me apareces en los espejos
Cuando menos necesito tu presencia, cuando más incómoda se me hace. Cuando eres lo último que necesito.
Apareces. Te imagino con esa cara de "Hey, pasaba por aquí y he pensado que podría quitarte unos minutos de tu tiempo, si te dejas, claro".
Pero nunca son minutos. Son horas, son noches, son días.
-¿No tienes otro momento para volver? ¿Tiene que ser ahora?
-Claro que tiene que ser ahora. Tengo que joderte la vida ¿recuerdas?
-No recuerdo ese trato.
-Era un acuerdo tácito ¿Se me olvidó comentarlo?
-...
Y así, siempre.
22 de enero de 2012
Los otros. Y tú.
| ¿O seré sólo algo que nació para un día tuyo (mi día eterno), para una primavera (en mí florida siempre), sin poder vivir ya cuando lleguen sucesivas en ti, inevitablemente, las fuerzas y los vientos nuevos, las otras lumbres, que esperan ya el momento de ser, en ti, tu vida?
P.Salinas
Los otros sonríen y me miran. Me hablan, me halagan y sí, me requiebran.
Tú me observas serio. Callas, permaneces ausente y pocas veces me piropeas.
Los otros me adulan, beben los vientos por mí y me regalan el oído.
Tú permaneces ausente, te espero, te acercas y seguimos así.
A los otros les sonrío, ausente, y les hablo de ti.
A ti te miro seria, atenta. ¿Ves la diferencia?
Los otros no importan, me entretienen, pero no son tú.
Tú y tu silencio. Eso que te hace tan "especial".
Tú y tus celitos disimulados cuando te hablo de los otros.
Tú y tu puta manía de hacer realidad mi libro favorito.
Tiene cojones que sea yo la que se cuelgue de tus defectos.
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12 de enero de 2012
#4
7 de enero de 2012
En un cruce de Abbey Road.
-Sí, sí que lo eres. Lo eres desde el momento en el que te he pedido tu opinión al respecto.
-Eso es un regalo envenenado.
-Es mi regalo, no puedes esperar otra cosa... Sigo esperando una respuesta.
(El interlocutor mira a todos lados, parece que buscando algo o alguien que le saque del entuerto en el que se ha visto envuelto sin quererlo)
-No sé qué decir...
-Empieza por la verdad. Lo que de verdad piensas, quiero decir.
-Joder, en menudo apuro me has metido...
-Ya, lo siento (No. Te jodes)
4 de enero de 2012
No hay ritmo
Yo saludo de lejos y tú haces como si no me vieras.
Yo te insisto y tú sigues impasible.
Yo desisto y entonces...
Tú llegas y desordenas todo. Entonces hay complicidad. Y sonrisas. Y luego...
Me buscas y yo no me puedo encontrar.
Te busco y no puedes desatender tus obligaciones.
Y si por mí fuera... Te taparía con mi edredón todas las noches y te daría un beso en el hombro antes de dormir.
Y si por ti fuera... Creo que nunca usaría ropa y tendría desgastada la espalda de tantas caricias.
Y así seguimos. Desacompasados, como siempre. Pero puede que buscando la melodía.
29 de diciembre de 2011
Ven, Coy, ven
25 de diciembre de 2011
Todo puede ser.
16 de diciembre de 2011
Esto iba a ser un cuento más...
Después de hacer el amor le notó más ausente que nunca. Hundió los dedos en su pelo y le miró, girándose en la cama para tumbarse de costado.
-¿Qué te pasa? Te noto raro.
Él se giró y la miró en silencio. No sonreía. Estaba anormalmente serio.
-Creo que tengo que decirte algo que no te va a gustar.
-¿Te acuestas con otra?
-No, no digas tonterías. Es que creo... creo... He conocido a alguien.
Ella suspiró. No podía negar que se temía algo.
-¿Me lo estás diciendo en serio, Victor?
-Sí...
-¿Y quién es ella? ¿Cómo es?
-Ella... Ella es increíble.
-Ya... entiendo.
-Venga, Ana, no me mires así... Has sido tú la que ha preguntado.
Ella se giró y miró al techo.
-Y de verdad quiero saber qué tiene ella para que te hayas enamorado así, porque tú estás enamorado, Victor, te conozco, tienes esa maldita luz en la mirada. Sigue, quiero saber lo que la hace tan increíble.
-Ella... Ella sonríe de una manera única. Empieza a brillar cuando sonríe. Deberías verlo. Es... increíble. Tiene un andar distinto al resto de la gente, un andar único, como delicado, como si flotara. Y una mirada... Mira todo como con una curiosidad distraída. Pero curiosidad al fin y al cabo.
-Parece realmente encantadora... ¿Y qué sabes de ella?
Victor sonrío antes de contestar.
-Sé que adora la literatura. Su casa está llena de libros. Están por todas partes. Sé que le emociona la música clásica aunque no lo diga. Sé que lloró como una niña viendo Up. Sé que se pregunta casi todos los días de dónde saldrán las corrientes internas del metro que la despeinan en el transbordo hasta la línea 6 en Cuatro Caminos. Sé que le gusta dormir abrazada a su almohada. Sé que se sabe el monólogo del Tenorio. Sé que odia comer judías verdes. Sé que a veces hace algunos chistes negros que no todo el mundo entiende. Sé que su taza de desayuno es roja. Sé cómo se llaman sus padres. Sé que sus galletas preferidas son las María. Sé que le gusta el cine. Sé cual es su película favorita. Sé cual es la escritora del mundo que más odia. Sé qué miedos tiene. Sé que una vez se disfrazó de pitufo. Sé de qué color es su ropa interior favorita. Sé que odia los anuncios de Spotify. Sé que cuando se levanta de la cama lo primero que hace es ponerse un jersey blanco enorme que heredó de alguno de los hombres de su familia...
Ana sonrió.
-Eres un idiota.
-¿Por qué?
-Porque me estás describiendo...
-Es que ya te he conocido y me he dado cuenta que adoro todo en ti. Adoro la manera que tienes de apartar la mirada mientras sonríes. Adoro el brillo que a veces tiene tu pelo cuando un rayo de luz de esos que se pierden en otoño decide aterrizar sobre él. Adoro cuando me miras esperando a que siga hablando. Adoro cuando te hablo y sé que te cuesta seguir escuchándome porque tienes en la mente mil pensamientos más importantes, pero aún así quieres prestar atención.
-Victor, no vuelvas a hacerme esto nunca más. Por un momento pensé que me ibas a dejar. Y me he creído morir.
-Ves, ahora tú también sabes que me adoras.
-No te equivoques, yo eso ya lo sabía.
